Zverev: la diabetes no definió su futuro

Tras conquistar el US Open, el tenista alemán recordó a su madre y el diagnóstico de diabetes tipo 1 que recibió cuando tenía cuatro años. Su historia muestra que la enfermedad exige cuidados, pero no necesariamente renunciar al deporte.

Redacción

NUEVA YORK.— Alexander Zverev tenía cuatro años cuando, según recordó el propio tenista, los médicos advirtieron a su familia que la diabetes limitaría su vida y sus posibilidades de practicar deportes.

Su madre, Irina Zvereva, decidió que aquel diagnóstico no definiría el futuro de su hijo.

Más de dos décadas después, el alemán levantó el trofeo del Abierto de Estados Unidos y dedicó parte de su discurso a la mujer que, dijo, fue la persona más importante y fuerte de su vida.

El domingo 13 de septiembre, Zverev derrotó al estadounidense Ben Shelton por 6-3, 7-6(2), 5-7 y 6-2, para conquistar su primer US Open y segundo título de Grand Slam, después de ganar Roland Garros.

El triunfo llegó tras años de carrera profesional, una medalla de oro olímpica en Tokio 2020, dos títulos de las Finales de la ATP y una grave lesión de tobillo sufrida en 2022.

Pero la historia que recordó en Nueva York comenzó mucho antes.

UN DIAGNÓSTICO EN LA INFANCIA

La diabetes tipo 1 es una enfermedad crónica en la que el organismo deja de producir suficiente insulina.

Las personas que la padecen necesitan administrar esta hormona durante toda su vida y vigilar sus niveles de glucosa.

El diagnóstico puede representar un cambio importante para un niño y su familia, pero no significa que deba abandonar la actividad física.

Las recomendaciones de la Sociedad Internacional de Diabetes Pediátrica y del Adolescente (ISPAD) señalan que el ejercicio es importante para la salud de los niños y adolescentes con diabetes tipo 1.

La actividad física requiere planificación, porque puede provocar descensos o elevaciones de glucosa.

Los niveles deben vigilarse antes, durante y después del ejercicio, y el tratamiento debe ajustarse de acuerdo con las necesidades de cada paciente y las indicaciones de su equipo médico.

Los avances en monitoreo continuo de glucosa, bombas de insulina y sistemas automatizados de administración han facilitado el manejo de la enfermedad.

Estas herramientas no curan la diabetes ni eliminan los riesgos, pero permiten un seguimiento más preciso.

CUANDO LOS RIESGOS SE CONVIERTEN EN LÍMITES

La advertencia que Zverev recordó sobre los médicos abre una discusión sobre la forma en que se comunica un diagnóstico a los niños y sus familias.

La diabetes tipo 1 puede provocar complicaciones graves, como hipoglucemia severa y cetoacidosis diabética.

Por eso, los médicos deben explicar los riesgos y las precauciones necesarias.

Pero advertir sobre los peligros de una enfermedad no es lo mismo que cancelar las posibilidades de una persona.

No se cuenta con información suficiente para determinar qué médicos hicieron las advertencias que Zverev recordó ni si aquellas palabras fueron una prohibición formal de practicar deportes.

Tampoco sería correcto afirmar que todos los niños con diabetes pueden realizar cualquier actividad sin restricciones.

Lo que establecen las recomendaciones médicas actuales es que la diabetes tipo 1, por sí sola, no equivale a la imposibilidad de practicar deporte.

El tratamiento, la vigilancia y el acompañamiento familiar son fundamentales para que los niños puedan desarrollar sus capacidades.

LA MADRE QUE NO ACEPTÓ EL LÍMITE

Alexander Zverev creció en una familia vinculada al tenis. Sus padres fueron tenistas profesionales y entrenadores.

Desde la infancia, el deporte formó parte de su vida.

El diagnóstico de diabetes no desapareció, ni tampoco la necesidad de insulina.

Pero el niño llegó al circuito profesional, ganó una medalla olímpica y se convirtió en campeón de Grand Slam.

En Nueva York, al levantar el trofeo del US Open, recordó a la mujer que lo acompañó desde aquel diagnóstico.

Su mensaje no fue que la enfermedad fuera fácil.

Fue que no tenía por qué definirlo.

La historia de Zverev no demuestra que todos los niños con diabetes puedan convertirse en campeones de tenis.

Demuestra que un diagnóstico no necesariamente determina hasta dónde puede llegar una persona.