El gobierno de Sheinbaum ganó; el país, en paz ante los ojos del mundo

Por Marco Antonio Olvera

México derrotó a Sudáfrica en el partido inaugural de la Copa del Mundo 2026.

La ceremonia de apertura en Estadio Ciudad de México, seguida por millones de personas dentro y fuera del país, marcó el inicio de una fiesta de futbol que se extendió por plazas, parques y Fan Fest en distintos puntos de México. El más emblemático de ellos, el del Zócalo capitalino, reunió a miles de aficionados en un ambiente de celebración.

Pero el triunfo de México no se limitó al marcador.

En un contexto en el que diversos grupos habían anunciado protestas e intentos de empañar la jornada, la realidad terminó imponiéndose: millones de mexicanos eligieron celebrar. Eligieron el futbol, la convivencia y la fiesta en paz. Eligieron compartir el espacio público de manera pacífica y civilizada.

Por eso, México ganó dos veces. Ganó en la cancha y ganó en las calles.

La imagen que quedó para el mundo no fue la del conflicto, sino la de un país capaz de reunirse alrededor de una pasión común. Las tribunas llenas del Estadio Ciudad de México y el ambiente festivo en el Zócalo de la Ciudad de México se convirtieron en símbolos de una jornada histórica para todo el país y el mundo.

El gobierno de Claudia Sheinbaum también ganó.

Y en esa victoria colectiva también hay un resultado político. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se había fijado un objetivo claro: que la inauguración del Mundial y sus actividades paralelas se desarrollaran en paz, con orden y seguridad. La meta se cumplió.

El marcador registró la victoria de México sobre Sudáfrica. Pero la historia de esta jornada recordará algo más: que el pueblo de México ganó la fiesta, ganó la convivencia y le mostró al mundo su mejor rostro.